6.7.11

¿Cómo llego a engancharme con ese tipo de flaco?

Quizá porque la mirada que tenía era la de un chico medio rayado, pero adorable y gracioso.

Como si no supiera lo que estaba diciendo, pero te llegaba al alma.

Estaba loco pero parecía un buen pibe.

Era como esas nenas ricitos de oro que se mandan todas las cagadas por pelotudas pero son tan encantadoras que te gustan igual.



Ahora entiendo por qué los hombres las prefieren rubias.



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2 comentarios:

Jefferson Aleman dijo...

Ja! La penúltima vez que ese perro me mordió estuve casado casi un lustro. Y venía de la mano de Neruda, de Borges, Lorca, Sábato, Márquez, Bécquer, Machado, Miguel Hernández y hasta de Silvio, que no se queda atrás... y un día resultó que ni el tango, mi guitarra, el ron, la luna, los viajes, mil amaneceres, los aromas y otros placeres o virtudes se tornaban bipolar o geminianamente en un infierno de intranquilidad pasajera, indecisa, dubitativa... Así que una vez más me vi agarrando mis siete musas encordadas, mi libro de canciones, una bicicleta y puse millas, segundos, minutos, horas, días y meses suficientes de por medio como para olvidar una, dos y tres veces...

Silvia dijo...

Igual mi post iba más dirigido a esas historias que uno sabe que no van a durar... esas medio frívolas pero que nos atrapan igual que un vicio.
Gracias por compartir de todas formas, a veces hay poco para decir y sólo se puede escuchar...